La monja enana en Perú |
| Las locas, locas, locas aventuras transatlánticas de La monja enana |
Aunque el último día lo dedicamos a hacer las maletas y tratar de proteger bien las botellas de pisco para que llegaran indemnes a España (que llegaron, por cierto) nos dio tiempo a visitar el cerro de San Cristobal, desde donde se tiene una vista panorámica de Lima.
Como no permiten que la gente vaya de pie en los autobuses y dos de nosotros no teníamos sitio, el conductor del autobús nos trajo muy amablemente dos taburetes que plantó en el pasillo del autobús para que nos sentáramos: así íbamos mucho más seguros que de pie, desde luego.
La subida impresiona un poco, ya que vas muy despacito, y a un lado tienes un precipicio y al otro lado, más autobuses, con lo cual parece que en cualquier momento te vas a despeñar. Pero como muy bien nos tranquilizaron, “casi nunca hay accidentes” La bajada impone un poco menos porque cada vez estás más cerca del suelo y, claro, la caída es menor.
Una vez arriba nos encontramos con una especie de ceremonia / ofrendas / bendición, pero no conseguimos saber si era algo turístico o era una ceremonia de verdad.
Y por lo demás, comida rápida y al aeropuerto, a pasar 12 horas de frío polar en el avión.